Hola!!!
Hoy os traigo una reflexión que he titulado Aprender Enseñando, con ella me gustaría contagiaros mi fascinación de trabajar con niños pequeños, a veces los grandes olvidados del aprendizaje de las matemáticas.
Hace ya varios años, la primera vez que tuve el placer de escuchar a Maria Antònia Canals, os aseguro que siempre es un auténtico privilegio asistir a una charla o conferencia suya, escuché una historia que fue el primer paso para que en mí creciera otra visión de las matemáticas.
La charla tenía lugar en un aula de la Facultad de matemáticas y yo estaba cursando la asignatura de Didáctica de las matemáticas (la única, y además optativa, que en toda la carrera proporcionaba alguna herramienta para impartir clases de matemáticas). En aquel momento, yo ya tenía clarísimo que quería dedicarme a la enseñanza de las matemáticas, eso sí, para niveles de secundaria y universidad.
Siempre, hasta aquel momento, había infravalorado la enseñanza de las matemáticas para niños pequeños. Creía, como muchos colegas o la gente en general, que dedicarse a la enseñanza de las matemáticas en edades tempranas era cosa relativamente fácil. Pero entonces, Maria Antònia me “desmontó” mis creencias, al contarnos una anécdota que hoy quiero compartir con todos vosotros.
La historia que nos relató fue la siguiente:
En una escuela quisieron medir la distancia entre dos de las paredes de un aula de niños de cinco años. Decidieron hacerlo con los pies, haciendo pasos de manera que los pies se tocasen cada vez. El niño voluntario iba contando cada vez que ponía un pie delante del otro y contó hasta 20. Entonces la maestra preguntó al niño: “Así, ¿cuántos pies hay de esta pared a la otra?” Y la respuesta del niño fue: “Hay dos”. El niño tenía muy claro que había dos pies y nada más. Y era así, pies sólo había dos.
Esta respuesta es reveladora porque demuestra que los niños, en una determinada etapa, no han asimilado el concepto de unidad de medida. Para nosotros, adultos, preguntar, si estamos midiendo. “¿Cuántos pies hay?” quiere decir “¿Cuántas veces cabe el pie?”, porque hablamos de “pie” como unidad de medida, concepto que ya tenemos adquirido. Pero para los alumnos más pequeños “¿Cuántos pies tiene?” quiere decir sólo eso, “¿Cuántos pies hay? Y verdaderamente, en aquel camino sólo circulaban dos pies. Al día siguiente la maestra hizo descalzar a todos los niños y comprobaron que en aquella distancia cabían 20 zapatos.
Para mí, ver lo maravilloso que podía ser la enseñanza de un concepto, aparentemente fácil, como la unidad de medida en unos niños de cinco años, fue toda una revelación. Porque al fin y al cabo, yo nunca había reflexionado acerca de qué podemos esperar de los niños pequeños, ni de cuáles son sus necesidades o qué etapas de desarrollo van atravesando. Y pasé de pensar en que era “cosa de niños” a estar convencida de que enseñar matemáticas a tempranas edades era todo un reto y toda una emocionante aventura.
Volviendo a la anécdota, la maestra estaba convencida de que podía esperar que los niños comprendieran el concepto de unidad de medida y en base a esa creencia planteó una actividad que los niños no pudieron comprender. Afortunadamente, estuvo atenta a la respuesta del niño y al día siguiente transformó el problema en una oportunidad de aprendizaje. Y eso es lo atractivo de la enseñanza: en realidad, no deja de ser un aprendizaje para el maestro, nosotros aprendemos tanto como ellos. Mientras los niños aprenden nuevas habilidades y nuevos conceptos matemáticos, nosotros aprendemos a crear situaciones adecuadas para el aprendizaje, aprendemos a observar atentamente los procesos que se dan en ellos y aprendemos a rectificar para ayudar a nuestros pequeños siempre que les haga falta.
Espero que todos juntos reflexionemos y creamos en ello como tal,
Saludos,
Miriam

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